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La “nueva” medicina


Hablamos mucho de la necesidad de nuevos aires en la medicina. Es lógico y necesario evolucionar en todas las áreas del conocimiento. Las ciencias de la salud lo hacen constantemente. Cambian los paradigmas, cambian los tratamientos. El incluir los procesos neuro-inmunes, el abordar los aspectos psico-sociales, suponen una auténtica revolución a la hora de entender el modelo clásico de salud.

Hasta no hace demasiado, la principal preocupación de la sanidad era la de evitar la muerte. Nuestra calidad de vida ha mejorado considerablemente en un tiempo relativamente reciente. Nuevos tiempos, nuevas fórmulas de envejecer, nuevas formas de morir. Nuestro final es ahora “degenerativo”. Nos desgastamos. Nuestros órganos envejecen con nosotros. Nuestra funciones caducan paulatina y progresivamente. Todo esto es “nuevo”.

Hace no mucho que corríamos tras nuestra “comida”. Estábamos sometidos al medio. Debíamos adaptarnos a él y nuestros esfuerzos fisiológicos se centraban en la supervivencia. No existía la existencia futura. Existía el ahora.

Hemos sometido al medio. Hemos adaptado el entorno a nuestras “necesidades” (lo de necesidades habría que estudiarlo más a fondo…). Hemos cambiado los patrones de enfermedad. Hemos cambiado las causas de muerte. Hemos “evolucionado” (muy entre comillas).

Del mismo modo, hemos cambiado la forma de entender la enfermedad, de percibirla. Ahora somos conscientes que la misma enfermedad no actúa del mismo modo en dos sujetos distintos. Empezamos a incorporar la interacción cuerpo-mente, la relación entra la biología, las emociones y el entorno (bio-psico-social).

Por eso todavía estamos en pañales a la hora de entender muchas “patologías”, porque no todos los profesionales sanitarios hemos integrado en nuestra formación la importancia entre las interacciones de los distintos “planos” del ser con la “enfermedad”.

Seguimos obcecados, muchas veces, en centrarnos en el reconocimiento de síntomas para etiquetar de un determinado modo a un paciente, aplicarle el tratamiento terapéutico X (físico, farmacológico) a la espera de que evolucione correctamente. El problema viene si no lo hace como esperábamos.

Tenemos la posibilidad de habernos equivocado en la elección del tratamiento, tenemos la posibilidad de habernos equivocado en la elección de la etiqueta, pero también tenemos la posibilidad de habernos equivocado en el planteamiento. El paciente es más complejo que un número de signos y síntomas que se repiten de manera más o menos parecida.

Puede que obviemos la complejidad del individuo y sigamos centrados en lo que queremos ver. Puede que estemos dejando de lado aspectos fundamentales implicados con la patología más allá de lo puramente biológico.

Por suerte, la medicina avanza y además de reconocer la necesidad de un nuevo paradigma donde se tenga en cuenta al individuo en toda su plenitud, progresivamente lo vamos implementando en nuestras intervenciones clínicas.

Llevemos la teoría a la práctica y démonos tiempo para integrar las nuevas aportaciones de la neurofisiología al respecto.

Las inquietudes de un joven fisioterapeuta… en fin, el “diario de un fisio”.

Hacia un modelo integrador y convergente ¿sin perder la identidad?


La fisioterapia debe actualizarse. La medicina debe actualizarse. Es absurdo pretender seguir adelante con un planteamiento que desprecia el papel del cerebro en cualquier interacción fisiológica, patológica o no. Es necesario integrar los avances en la neurofisiología del dolor, el abordaje bio-neuro-psico-social (Maimai, paténtalo rápido que me lo quedo), el paradigma del movimiento. Creo que es muy interesante intentar unificar criterios en lugar de seguir planteando el asunto desde dos frentes claramente diferenciados.

Tengo un paciente con un dolor en el lateral del tobillo reciente: paciente agudo. Tratamiento: terapia manual para el dolor y movilidad, vendaje funcional, ejercicios propioceptivos… Pero si el paciente presenta dolor en el lateral del tobillo de mucho tiempo de evolución: paciente crónico: terapia “hands-off”, terapia cognitivo-conductual, reentrenamiento con espejos…

¿Debe ser blanco o negro? No sabemos a qué se debe el dolor en el lateral del tobillo. Sabemos que el dolor es una experiencia que se produce en el cerebro. Sabemos que puede ser consecuencia de un proceso de daño en el tejido (respuesta de daño local) o de un proceso de daño imaginado (alerta nociceptiva).

En consulta muchas veces el mejor resultado en pacientes con dolor de larga evolución ha sido tras un proceso de readaptación funcional. Para mi este proceso ha consistido en demostrar “al cerebro” del paciente lo que es capaz de hacer, de manera progresiva, su “supuesta articulación dañada”. Un proceso donde intento enseñarles de una manera comprensible, cómo funciona “el dolor”.

Este mismo trabajo lo realizo con pacientes con patología aguda para tratar de mejorar la funcionalidad y reentrenar la propiocepción. Así mismo, intento explicar qué hago en consulta y por qué lo hago (hasta donde yo se…).

Creo que debemos integrar ambos “abordajes”. No es beneficioso pensar en blanco o pensar en negro. Hay una riquísima variedad de grises por el camino. Digo esto porque últimamente hablando con varios compañeros centrados en el paradigma del tratamiento del dolor crónico, parece que la terapia “convencional” ya no funciona. Ya no es importante “la rodilla” porque todo está en el cerebro. Lo importante es evitar por todos los medios la sensibilización. Para ello la primera consulta es “hablada”, “docente”. Más adelante pasaremos a abordar los otros aspectos del dolor.

Negro. Muy negro. Al igual que no creo en la etiquetas, no creo en “los colores”. No soy un valencianista acérrimo, tampoco soy “agudista o cronicista”. Si ves el mundo desde un cristal verde, todo es verde. Si buscas implicaciones neurodinámicas, las encuentras. El cerebro es parte relevante en todo proceso doloroso, porque sin él no hay proceso doloroso, pero no hay que olvidar que el tobillo, en mayor o menor medida, puede tener un papel importante en el dolor, la disfunción, incapacidad…

Y como alguna vez he discutido con compañeros de esta y otras disciplinas, nuestro campo de actuación parte de la terapia manual y el movimiento. No debemos perder la perspectiva y la mejor solución es integrar en lugar de sustituir.

Las inquietudes de un joven fisioterapeuta… en fin, el “diario de un fisio”.